El segundo de septiembre fue para los nuevos colegiales del Mendel un fin de semana de convivencias. Convivieron entre ellos, sí, pero también con la naturaleza, con la historia o con la adrenalina. Y lo hicieron entre tirolinas forestales, las montañas rusas del Parque de Atracciones de Madrid y San Lorenzo del Escorial.
Hubo poco tiempo para dormir, pero mucho para el disfrute. El sábado empezó pronto, con los “mendelianos” de nuevo ingreso subidos al bus a las nueve de la mañana. Y había dos maneras de emplear el trayecto: o cotillear o dormir. Ambas son igual de necesarias en este contexto, el de decenas de jóvenes conociéndose entre sí y forjando amistades que durarán años.
Multiaventuras entre tirolinas
La ruta, entre bostezos y conversaciones, terminó en el parque multiaventuras de Guadarrama, donde los colegiales se desperezaron completamente. Durante toda la mañana, saltaron entre árboles, lucharon contra el vértigo y se imbuyeron de vivacidad. No faltaron las risas al ver las caras que algunos mostraban antes de lanzarse por las tirolinas o al presenciar los aterrizajes, muchas veces forzosos, con los que concluían el recorrido.
Tanta energía empleada bien merecía recompensa, que llegó en forma de alimento. Para comer, como para dormir, el Mendel contó con la hospitalidad de la Residencia del Sagrado Corazón. Tras la comida, hubo algo de tiempo para una siesta breve pero imperiosa. El descanso era preciso para poder captar adecuadamente todos los detalles del segundo punto en la agenda, la visita al Monasterio de San Lorenzo del Escorial.
Visita al monasterio
Quizá los colegiales no fueron totalmente conscientes de su privilegio, pero los años lo subsanarán: seguro que, con el tiempo, se dan cuenta de que una visita privada por el Monasterio, gestionado por frailes agustinos, es una suerte de la que no todo el mundo puede presumir.
Normalmente, el recorrido por el complejo incluye la biblioteca, el palacio, los panteones o la basílica. Esa es la parte abierta al público. Nuestros colegiales disfrutaron de un itinerario exclusivo. De la mano del Padre Carlos, que pasó durante su formación por el Monasterio, conocieron las instalaciones dedicadas a la comunidad agustina.
Visitaron, de esta forma, enclaves tan históricos como desconocidos para el público general. Entre ellos, el refectorio, bajo el que reposa la primera piedra de todo el Monasterio, las antiguas cocinas, el coro de la Basílica, o los jardines. Nuestros nuevos colegiales, pasaron por los mismos pasillos por los que deambulaba Felipe II y conocieron los entresijos de un monumento crucial en España, que es también Patrimonio de la Humanidad.
Conocido lo imprescindible y una vez hubieron cenado, nuestros nuevos colegiales podían emplear su tiempo como quisieran y el plan fue unánime: conocer El Escorial mientras se conocían entre ellos. Al ser recién llegados, solo podían permanecer en la calle hasta la 1:30. Pero aprovecharon bien su corta noche.

Noche y parque de atracciones
No son precisos más detalles – todo fue bien, pero siempre conviene un poco de misterio – para explicar que, tras la noche, llegó el domingo y, con él, una visita al parque de atracciones de Madrid. De nuevo, la receta contra el cansancio fue sencilla, y consistió en una mezcla de vértigo, adrenalina, susto y goce. Probadas todas las montañas rusas, era hora de volver al Mendel.
Entonces sí, los nuevos colegiales se fueron a dormir. Quién sabe si se acostaron pensando en su suerte, la de estar ante el comienzo de la mejor etapa de su vida en el mejor sitio para vivirla.
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